lunes 9 de noviembre de 2009

Piezas de más de mil años revelan detalles de la vida en el Tiwanaku


Es uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de los últimos cincuenta años en Bolivia. Reveló aspectos no conocidos de la cultura Tiwanaku (o Tiahuanaco, en español), una de las civilizaciones más importantes de la antigüedad, que abarcaba Bolivia, zonas de Perú, Chile e incluso partes el noroeste argentino y que los expertos comparan con el Antiguo Egipto. Ahora, treinta objetos de cerámica de más de mil años de antigüedad, hallados en la isla Pariti del lago Titikaka (o Titicaca), el corazón de Tiwanaku, están siendo exhibidos en el Museo Nacional de Bellas Artes, en Buenos Aires.

En una conferencia realizada en el auditorio del museo, Jedú Sagárnaga, arqueólogo boliviano y líder de la expedición de 2004 que descubrió las piezas, recuerda el momento clave: "Fue una de las mayores emociones de mi vida. En realidad, estábamos enfrente de la isla, en otro yacimiento, y un día se acercó un comunero de Pariti y nos dijo que allí había elementos importantes y que fuéramos. Hizo descripciones que nos despertaron curiosidad, pero después cuando nos trajo objetos que incluían una cabeza humana perfecta nos quedamos con la respiración cortada".

Tras varias idas y vueltas -en las que no estuvieron ausentes las varias convulsiones sociopolíticas del momento en Bolivia-, el grupo, también comandado por el finlandés Antti Korpisaari, logró financiamiento de la Universidad de Helsinki para realizar las excavaciones en Pariti que finalmente darían con el yacimiento descubierto.

"A la primera semana se dio el hallazgo -recuerda Sagárnaga-. La Pachamama nos dio este placer. No lo podíamos creer. Era una innumerable cantidad de fragmentos de piezas. Enseguida nos dimos cuenta de que habían sido rotas a propósito en una suerte de ritual. Cargamos todo y al llevarlas a La Paz casi nos ahogamos en la lancha por una terrible tempestad que se desencadenó. Parecía que la diosa del lago no quería que nos las lleváramos. Fue realmente de miedo lo que pasamos".

Una vez en La Paz, las piezas fueron ensambladas -"al principio nos oponíamos", reconoce el arqueólogo- y se armaron alrededor de 530 objetos que llamaron la atención por varios motivos: "Nunca se habían visto vasos talladores de este tamaño o cruces en las partes internas. Se trataba de piezas de alta calidad estética, muy pequeñas y que nos hacen deducir cuestiones importantes".

Efectivamente, las piezas halladas permitían ver nuevos aspectos de la vida tiwanaku. Según los estudios preliminares -hay que seguir estudiando, dice Sagárnaga- las imágenes permiten inferir que habría dos grupos étnicos separados entre los tiwanakotas: "Hay imágenes que muestran hombres con adornos en el labio superior y patillas; y otras con adornos en el labio inferior, que no tienen pelo en la nuca", cuenta el arqueólogo. También llamó la atención la aparición de vasijas pares, lo que se emparenta con la concepción dual del mundo andino.

De esas valiosísimas piezas, se hizo una selección de treinta que empezaron a recorrer Bolivia y que ahora llegaron a la Argentina, en su primera salida al exterior. Vasijas con o sin pedestal, moldeadas con formas masculinas, femeninas y zoomorfas, vasos y retratos son algunos de los objetos que se pueden apreciar en el Bellas Artes.

"En la actualidad -señala Sagárnaga- seguimos excavando y estamos seguros de que Pariti todavía tiene muchas sorpresas para todos. Mientras tanto, la muestra brinda algo de lo que descubrimos y da una idea de esta cultura milenaria de la que estamos todos orgullosos".

Fuente: Revista Ñ (Argentina)

miércoles 4 de noviembre de 2009

Despedida para el siglo XX


Por Ricardo G. Abduca *

Se ha dicho de Picasso que si no hubiese pintado ningún cuadro igual lo recordaríamos como gran escultor, como ceramista. Algo parecido puede decirse de Lévi-Strauss. No deja una obra, deja varias. Fue el autor de Etnografía nambikwara, y otros textos menores, por los años 1940. Hizo luego un tratado de gran alcance, Las estructuras elementales de parentesco. Dejó también tres obras de reflexión personal y estética: su segundo gran libro, Tristes trópicos, de 1955, y dos obras postreras: su relectura de las fotos que tomó en los ’30, Saudades de Brasil y Mirar, escuchar, leer. Tres volúmenes (los dos primeros llamados Antropología estructural) reunieron sus artículos. Quizás en El pensamiento salvaje confluye la red mayor de sus argumentos. Luego se abocó casi exclusivamente a siete tomos de mitología americana: las Mitológicas, y otros tres, quizá más convincentes. En La vía de las máscaras pasó a analizar objetos concretos, en La alfarera celosa desafió a los psicoanalistas, en Historia de lince culminó una reflexión sobre la especificidad de las sociedades americanas.

Su obra también tiene entidad política. Con dos intervenciones centrales en la Unesco: “Raza e historia”, en la posguerra (que tendría que ser de referencia obligada en las escuelas públicas de hoy), y “Raza y cultura”, veinte años después, que matizó y enriqueció sus propias tesis previas. Pero también en Tristes trópicos, esa crónica pesimista que compara los trópicos despoblados de América y los hiperpoblados de Asia. Hasta sus últimos reportajes, siempre se mostró amargadamente lúcido ante el crecimiento de la población y el estropicio del planeta.

Nieto del rabino de Versailles, su obra casi no tiene referencias al mundo judío o cristiano; habló poco de ritual. Pero todo lo que se diga sobre los mitos de ahora en más tendrá que referirse de un modo u otro a su empresa. Desde el tour de force con que presentó la herencia de Mauss, en 1950, inauguró un nuevo pensamiento que está en el horizonte contemporáneo: el estructuralismo (sin él no hay postestructuralismo, ni desconstrucción). Entre los primeros en recibir su influencia, positiva o reactiva, estuvieron Lacan y Althusser. No se entiende la ontología lacaniana de los registros real, imaginario y simbólico, sin su apuesta fuerte por la autonomía de lo simbólico –y si no véanse las lecciones sobre la inyección de Irma en el seminario de Lacan, al cual asistió–. Investigadores británicos ya formados, como Edmund Leach y Mary Douglas, acusaron su influencia, como el norteamericano Marshall Sahlins. Maurice Godelier, Françoise Héritier, Philippe Descola, Eduardo Viveiros, han seguido por rutas que el ayudó a trazar. Desde la Argentina, desde Eudeba, gracias a Eliseo Verón (también Noelia Bastard y Eduardo Menéndez), se lo introdujo al mundo castellano. Describir la estela de las adhesiones y reacciones que suscitó entre nosotros (desde Blas Alberti a Carlos Reynoso, pasando por Cordeu y muchos otros) no es tarea sencilla.

Hemos terminado de despedirnos del siglo XX.

* Antropólogo. Profesor de Antropología Económica (UBA).

martes 3 de noviembre de 2009

Muere a los 100 años el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss


El famoso antropólogo Claude Lévi-Strauss falleció la madrugada del domingo en París cuando le faltaban unos pocos días para cumplir 101 años, según ha confirmado hoy la Escuela de Altos Estudios Sociales. Había nacido en Bruselas, en 1908, de padres judíos franceses y dedicó toda su vida a explicar y explicarse el mundo desde la antropología. No sólo fue la principal figura en el mundo de la etnología a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, sino también un extraordinario escritor y un filósofo de primera magnitud.

El profesor de antropología, Manuel Delgado, recordaba precisamente en un artículo publicado en EL PAÍS , los logros que había transmitido en este campo. "Lo que Lévi-Strauss nos ha transmitido es un conocimiento que no es sólo resultado de una honda reflexión sobre la convivencia humana, sino de los testimonios que una determinada ciencia social ha podido establecer acerca de hombres y mujeres concretas, cuya vida concreta -en tiempos y lugares no menos concretos- otros hombres y mujeres fueron a conocer de cerca".

Desde 1935 a 1939 pasó largas temporadas con los indios del Amazonas, en Brasil, en una zona remota de la selva. Esta experiencia le marcaría, vital y profesionalmente, durante toda su vida. Transformó la etnología contemporánea al elaborar un método original que aunaba el estructuralismo, el psicoanálisis a la hora de interpretar los mitos. Éste fue el método usado para estudiar la organización social de las tribus de Brasil y la de los indios del norte y sur de América. Sus primeras obras fueron La vida familiar y social de los indios Nambikwara y Las estructuras elementales de parentesco.

"El viaje del etnógrafo tiene muy poco que ver con la aventura romántica que pude imaginarme antes de marchar hacia Brasil", diría tiempos después en un libro de Catherine Clément sobre aquella experiencia . También recordaba como se había metido en el apasionante mundo de la antropología. "Nació de un telefonazo. Marcel Mauss y su equipo reclutaban entre los licenciados en filosofía gente que quisiera trabajar en el recién creado departamento de etnografía, una ciencia que acababa de adquirir rango universitario y que hasta entonces había dependido de misioneros y administradores coloniales. Yo hacía sólo dos años que ejercía como profesor de filosofía, en Mont-de-Marsan y en Laon, en 1932 y 1933. El primer año es apasionante, tienes que construirte todo un programa, pero los cursos siguientes te limitas a retocarlo. Estaba claro que no era eso lo que iba a dar sentido a mi vida. Tenía ganas de descubrir el mundo. Y de ahí que aceptase un puesto en la universidad de São Paulo y comenzase mis viajes de etnólogo".

Otras obras suyas determinantes fueron El pensamiento Salvaje o Lo crudo y lo cocido.

En 1973 ingresó en la Academia Francesa. Fue el primer antropólogo que lo hizo. El año pasado, el mundo cultural francés le rindió un homenaje al cumplir 100 años: fueron múltiples los suplementos, los documentales y las exposiciones consagradas a su persona y a su obra.

Fuente: El País (España)

lunes 19 de octubre de 2009

FLORENCIA GIROLA, ANTROPOLOGA SOCIAL: “EL ENCLAVE SE FISURÓ”


Por Julián Bruschtein (Página 12 - Argentina)

“Es un granito más que va en dirección del resquebrajamiento de la idea de un universo social sin conflictos. El tema de la juventud y la educación vial es un problema que atraviesa barrios, clases sociales y grupos socioeconómicos”, afirmó en diálogo con Página/12 la antropóloga Florencia Girola. Como parte de su investigación para estudiar el fenómeno de los barrios cerrados, la investigadora realizó un trabajo de campo en el complejo Nordelta hasta el 2006. A raíz del accidente fatal de cuatro jóvenes en una camioneta en el interior del barrio, Girola desgrana las dificultades que encuentran estos emprendimientos para continuar sosteniendo la idea de barrio sin conflictos con el que fueron construidos.

–¿Cómo repercute este tipo de incidentes en el ideario con el que fueron creados estos barrios?

–Cada vez queda más al descubierto que suceden acontecimientos como en otros mundos sociales, con las particularidades de clase que contienen estos espacios, pero hoy ya es insostenible la idea de la burbuja o del universo sin conflictos por el que se masificaron. Son lugares que cargan con el contexto en el que se gestaron, que es la década del ’90, son como un símbolo de la ciudad neoliberal y cargan mucho con esta idea de clase media enriquecida en los noventa, que se construyó un entorno urbano a medida y esto es lo que se va resquebrajando: la burbuja, el enclave se fue fisurando. Vuelve a los habitantes al mundo de los conflictos sociales, de las miserias, de las desigualdades.

–Las declaraciones del presidente de la Asociación Vecinal intentaban aclarar que los jóvenes fallecidos eran invitados de algún residente y que habían violado la velocidad máxima permitida...

–En general se busca preservar cierto imaginario que existe en torno del espacio. No es el primer caso de accidentes con muertos en Nordelta; cuando estaba realizando mi investigación también hubo un accidente en la avenida troncal del barrio, pero es cierto que en estos espacios el secreto opera: los conflictos se dan hacia adentro y muchas veces trascienden poco. Cuando surge el fenómeno de las comunidades cerradas aparecen como “comunidades armónicas”, sin conflictos, configuradas bajo un concepto que trabajé bastante: el urbanismo afinitario, es decir la posibilidad de residir entre afines, entre iguales, a quienes uno elige.

–Uno de los ejes sobre los que se asienta la idea de vivir en un country es la seguridad. ¿Cuánto de libertad pierden en el camino quienes deciden vivir allí?

–Estos lugares se construyen contradictoriamente porque, por un lado, discursivamente se alzan como un ámbito de la libertad total y, sin embargo, son universos altamente reglados, normatizados y disciplinados, están mucho más vigilados y controlados que en otros espacios urbanos. Un control que va desde la vigilancia y no sólo del personal de seguridad sino entre los mismos vecinos. Pero el control no puede llegar al ciento por ciento para que estas cosas no sucedan, y éste es el relato mítico con el que surgen estos barrios cerrados. Pero desde mediados de los noventa a esta parte este mito de la sociedad sin conflictos y armónica se fue rompiendo. En primer lugar por la seguridad, porque esta idea de poder separar tajantemente un “afuera peligroso” de un “adentro seguro” tiene sus resquebrajamientos.

–Esta idea de “orden interno”, ¿hasta dónde se cumple efectivamente?

–Es bastante común que se transgredan las normas internas, como en este caso la velocidad. Pero no hay que demonizar a los jóvenes porque los adultos también las transgreden. Existen varios estudios que indican que es un universo conflictivo para los adolescentes este crecimiento con autonomía precoz y que se han dado casos de desmanes que realizan los jóvenes en estos emprendimientos. Esto es un granito más que va en dirección del resquebrajamiento de un universo social sin conflictos, sin diferencias. El tema de la juventud y la educación vial es un problema que atraviesa barrios, clases sociales y grupos socioeconómicos.

martes 13 de octubre de 2009

Fósiles aportan una nueva imagen de la evolución humana


(Reuters) - Un cráneo antiguo y una mandíbula superior de dos ramas del árbol de la familia humana - el Homo erectus y el Homo habilis - sugieren que estos antecesores humanos pudieron haber convivido durante medio millón de años, dijeron el miércoles investigadores.

Los fósiles, descubiertos en el este de África, desafían la teoría de que los humanos evolucionaron uno después de otro como una línea de dominós, desde el antiguo Homo habilis al Homo erectus y finalmente al Homo sapiens, u hombre moderno.

"Había una teoría que sugería que el habilis evolucionó de forma muy lenta al erectus", dijo Susan Anton, una profesora de Antropología de la Universidad de Nueva York. "Ahora tenemos a los dos cohabitando, así que ese ya no puede ser el caso".

La investigación, publicada en la revista Nature, fue realizada por nueve científicos entre los que estaban Anton, la paleontóloga Meave Leakey y su hija Louise Leakey, exploradoras de la Sociedad National Geographic, y Fred Spoor de la University College London.

Ambos fósiles fueron hallados en 2000 en el este del lago Turkana en Kenia dentro del Proyecto de Investigación Koobi Fora, que está asociado con los Museos Nacionales de Kenia.

Su proximidad sugiere que ambos usaron diferentes fuentes de comida y comportamientos para vivir tan cerca sin extinguirse.

"Están a unos dos o tres minutos andando", dijo Patrick Gathgo, que prepara su tesis doctoral en la Universidad de Utah, y que ayudó a estudiar las capas geológicas.

"Deben haber interactuado entre ellos", dijo en una entrevista telefónica.

La mandíbula superior del Homo habilis está datada hace 1,44 millones de años, antes que otros fósiles conocidos de esa especie.

"La nueva mandíbula fósil sugiere que el Homo habilis era una especie hermana del Homo erectus, que vivía en una misma época, en sentido amplio, en lugar de una especie que dio lugar a otra", dijo Spoor en un comunicado.

El segundo fósil, hallado en la misma región del norte de Kenia, es un cráneo bien conservado de Homo erectus, datado hace 1,55 millones de años.

El fósil es llamativo por su tamaño. Es el cráneo de Homo erectus más antiguo hasta la fecha y plantea una imagen diferente de las especies, sugiriendo mayor diversidad de lo que pensaban los científicos.

Spoor dijo que todas las pruebas disponibles aún sugieren que el Homo sapiens evolucionó desde el Homo erectus, un proceso que sucedió en África hace un millón de años.

lunes 5 de octubre de 2009

Ardi, la nueva abuela de la humanidad


El Periódico de Catalunya.- Ardi medía 120 centímetros, pesaba 50 kilos y podía caminar erguida, aunque posiblemente también trepaba a los árboles. Era una criatura salpicada de sorpresas anatómicas, según sus descubridores, pero en absoluto se trataba de un simio. Vivió hace 4,4 millones de años en la región de Afar, en la actual Etiopía, y sus primeros restos aparecieron hace 17 años. Ayer, finalmente, tras largos análisis, limpieza de las piezas y nuevos hallazgos, 11 artículos publicados simultáneamente en la revista Science certifican la importancia de Ardi en la historia de la evolución humana: no se ha encontrado nunca un esqueleto de un homínido tan completo y tan antiguo. Es la nueva candidata a abuela de la humanidad.
Está por ver si Ardi, adscrita a la especie Ardipithecus ramidus, entrará en los libros de texto, pero como mínimo es un millón de años más antigua que la archifamosa Lucy, una hembra de Australopithecus afarensis que ha protagonizado incontables documentales y exposiciones. En la descripción y análisis de Ardi han participado 47 científicos de 10 países. Los estudios profundizan en la anatomía ósea, la locomoción, la dieta y hasta posibles pautas sociales. También se ha analizado el ambiente en el que vivió, caracterizado por sabanas y bosques más densos y fríos que actualmente.
Pruebas biológicas sostienen que el último ancestro común de los humanos y los chimpancés debió de vivir hace seis o siete millones de años, por lo que Ardi es demasiado joven para ser considerada el hipotético eslabón perdido. De hecho, en los últimos años se han descubierto huesos atribuidos a especies mucho más antiguas, como el famoso cráneo de Toumai (Sahelantropus tchadensis), aunque su adscripción en la línea humana de la evolución no está clara. Ardi, en cambio, ya forma parte de nuestra estirpe pese a que mantiene algunos rasgos primitivos. «Si Ardipithecus no fue nuestro antepasado, estuvo estrechamente relacionado con él», subraya uno de los jefes de la investigación, Tim White.

110 HUESOS / Los científicos presentan en Science el análisis de 110 fósiles de Ardipithecus ramidus localizados en Afar. Pertenecen a 36 individuos de todas las edades, pero el más completo es sin duda el esqueleto de Ardi, pues conserva parte del cráneo, dientes, pelvis y huesos de las manos y los pies. Ardi tenía un cerebro pequeño, similar a las hembras del chimpancé actual. Su cara tenía un hocico prominente, como los simios, aunque no se proyectaba tan adelante como los actuales chimpancés.
Cuando caminaba, Ardipithecus ramidus no utilizaba los nudillos de las manos como apoyo, tal como hacen algunos grandes simios, aunque la ausencia del típico puente de los pies humanos sugiere que tampoco era un buen corredor.
Los dientes alejan a Ardi tanto de los Australopithecus como de los simios. Por ejemplo, el esmalte indica que Ardi y su linaje tenían una dieta omnívora relativamente diversa que incluía frutas y otros alimentos del bosque, como nueces y hojas. Finalmente, los dientes, similares en machos y hembras, también sugieren que socialmente era menos agresivo que los simios actuales.

jueves 24 de septiembre de 2009

DIALOGO CON CARLOS ASCHERO, ARQUEOLOGO


Por Leonardo Moledo para Página 12 (Argentina)

–Usted es arqueólogo, eso no lo dudo. Siempre me interesaron los arqueólogos, o mejor dicho, lo que hacen. Cuénteme.

–Efectivamente, yo soy arqueólogo, egresado de Antropología de la Universidad de Buenos Aires. Estoy de director del ISES (Instituto Superior de Estudios Sociales) y tenemos un equipo de investigadores en historia (sobre todo en historia económica e historia social), en geografía (sobre todo en demografía y problemas de pobreza)...

–Bueno, suficiente de la cuestión institucional. Cuénteme qué hace usted como investigador.

–Estoy dirigiendo un par de proyectos en la Puna argentina, en Antofagasta de la Sierra y en Conansurín.

–Aquí la palabra esa no la entendí bien. Espero que sea como la puse.

–...y otro en la zona andina de la Patagonia. En la Puna estoy trabajando en la búsqueda de información de las poblaciones más antiguas, cazadoras-recolectoras, y analizando todo el proceso que va de la transición de la economía predadora a las economías pastoriles y productoras (lo que se llama formativo en el lenguaje de la arqueología científica: sería el Neolítico de Europa).

–¿Qué época es ésa, más o menos?

–Estamos hablando de una época de alrededor del 3500 al 3000 antes del presente, esos 500 años que son claves. En realidad estamos trabajando con poblaciones entre los 11 mil años y los 3500. Y en ese proceso estamos investigando qué pasa con la domesticación de camélidos (de la llama, por ejemplo) que son fundamentales para la zona andina, qué pasa con las interacciones entre la Puna argentina y la zona de San Pedro de Atacama...

–¿Y qué pasa?

–Hay toda una gran sequía en el antitermal...

–El antitermal. No sé qué es eso...

–Es ese período supuestamente de mayor insolación que ocurre entre el 8500 y el 5000 aproximadamente, en el cual hay una fuerte reducción de todo lo que fue la malla lacustre, y una gran sequía que parece haber afectado las pasturas fundamentales para la alimentación de los camélidos salvajes como los guanacos y las vicuñas. Eso, por supuesto, también debe haber afectado los mecanismos de caza de los pueblos.

–¿Y entonces?

–Lo que estamos viendo, entonces, es qué fue lo que pasó con el movimiento de poblaciones entre la Puna argentina y el salar de San Pedro de Atacama, viendo qué pasó con el origen de la domesticación. ¿Por qué es importante esto? Bueno, en lo que se podría llamar como un proto-Mercosur antiguo, hay una movilidad de recursos a través de más de 600 kilómetros entre la Puna, la selva y las zonas serranas.

–Espere un poquito, que se me pegó una bacteria láctea. A ver si me transforma en queso.

–¿Dónde?

–Aquí, aquí... listo, ya la saqué. Bueno, no es raro, dado este congreso... pero ¿qué estábamos diciendo?

–Nosotros pensamos que algunos de estos intercambios ya tienen que ver con la domesticación y el manejo de animales de carga. Estamos tratando de ver, entonces, si la fecha que se estipula para la domesticación de la llama (5500 años) no se puede bajar a etapas bastante anteriores (los 8000 años, o algo por el estilo).

–Trabajan con evidencias, supongo...

–Varias evidencias: faunística (lo que queda en los sitios arqueológicos), medulación y diámetro de las fibras de los camélidos... ahí tenemos un punto de interés, porque se están encontrando diámetros que son equivalentes al grosor de la fibra de la llama desde 9000 años a esta parte, con lo cual eso implicaría o que hay un morfotipo de llama que se extinguió (cosa en la que no creo demasiado).

–¿Sin domesticación?

–...o que realmente había un manejo de domesticación en cautiverio para seleccionar pelaje, y demás. Por otro lado, tomamos en cuenta la composición de los sitios...

–Y dígame... ¿quién era esa gente?

–Eran grupos de cazadores-recolectores muy móviles, que fueron ocupando la Puna desde el 11 mil o antes, grupos muy chicos, con demografías muy estrechas...

–Grupos muy chicos... ¿eso quiere decir cuánta gente?

–Alrededor de 50 personas.

–¿Y eso no genera un problema de endogamia?

–Claro que sí, pero se puede resolver con interacciones con otros grupos. Parte de su posibilidad de vida está en esas relaciones. Durante el gobierno de Allende, por ejemplo, gente que vivía en el Altiplano, reclamaba tierras que les correspondían en la costa, por estas relaciones de parentesco.

–Cuénteme cómo trabajan...

–Tenemos yacimientos, tenemos una fuente de información que es la gente del lugar...

–¿Y los pastores qué saben de aquello?

–Saben dónde están los sitios. Ahí buscamos, y vemos qué pasa. Ya sabemos qué tipo de sitios estamos buscando para estas etapas antiguas: básicamente aleros y cuevas, que han usado para habitación. Lo que está enterrado allí se mantiene en muy buen estado, en relación con lo que está enterrado en cielo abierto. Hay, por ejemplo, una costumbre que tenían estos hombres de preparar los pisos como manteles de paja, para que no se ensuciara la carne. Ahí faenaban y realizaban distintas actividades. Lo que queda metido en la paja se tapa con arena y es espectacular. Ahora, por ejemplo, estamos sacando piezas de 6000 u 8000 años que tienen adheridas las sustancias del último uso del artefacto. Eso nos permite, a partir del trabajo microscópico, saber cuál fue el último uso de la pieza. Podemos saber, por ejemplo, qué fue lo último que se trituró en los morteros, etc.

–¿No cultivaban?

–No hasta el 5000, que es cuando nos aparecen los primeros datos.

–Entonces no tenían dieta vegetal.

–Sí tenían, pero de alimentos de recolección que se asaban y se comían.

–¿Y se puede probar eso ahora?

–Sí. Acá en Tucumán hay toda una investigación que ahora tomó un grupo de químicos que está estudiando justamente las propiedades de una de las raíces que se comían.

–¿Y cómo están organizados estos grupos?

–Sociedad de bandas, y muy activa. Hay algunos sociólogos que no quieren llamarle “sociedad” a la de los cazadores-recolectores, porque se juntan en bandas de 50 personas, varios grupos familiares, pero tienen la alternativa de que se pueden fusionar a otros grupos (de acuerdo con esas redes de parentesco que le comentaba). La sociedad, entonces, es altamente móvil, aunque siempre hay un grupo central que es el que defiende los derechos territoriales.

–¿Y cuántos grupos de ésos podía llegar a haber?

–Es difícil de decir. En la zona de Antofagasta, donde estamos trabajando ahora, yo diría que no menos de 5 grupos...

–Yo pensé que serían más...

–En esta zona, no. Lo que sí, con mucha interacción hacia afuera, y con mucha tarea cooperativa. Hay, por ejemplo, cazas colectivas: tenemos muchas referencias de parapetos de piedra que se utilizaban como lugares para esconderse e interceptar la presa, que dan cuenta de la existencia de actividad colectiva a la hora de cazar.

–¿Sabemos qué idioma hablaban?

–De eso no sabemos nada. Tenemos muy poco registro antropológico-biológico de los esqueletos. En general, además, no encontramos esqueletos enteros sino partes.

–¿Por qué?

–Porque aparentemente se utilizaban partes de cuerpos para demarcar territorios. Hemos encontrado, por ejemplo, bolsas con piernas. Lo que suponemos es que eso servía para demostrar que es una familia o un grupo específico el que está ocupando el sitio. Estos cuerpos desmembrados tienen sus problemas porque nos impiden el conocimiento global del esqueleto. Se hallan también muchos chicos: el promedio de vida no debe haber pasado de los 40 o 41 años.

–¿Estos grupos vivían al borde de la inanición?

–No lo creo.

–Pasado remoto del hombre..., siempre impresiona un poco. Y aprovecho para invitarlo a visitar mi blog.

–Encantado. Deme la dirección.

–Está aquí abajo.

www.leonardomoledo.blogspot.com